CARMEN VALERO GIMENO, MAESTRA REPUBLICANA DE SILLA (VALENCIA)

May 19th, 2015 | By | Category: en España..., HISTORIA

 

Juan Larreta, director de 'Las escuelas graduadas de Treviana', junto a sus alumnos durante la II República

Juan Larreta, director de ‘Las escuelas graduadas de Treviana’, junto a sus alumnos durante la II República

En esta ocasión, y observando la situación de deterioro y abandono que vive la educación pública queremos recordarles la figura de una maestra, feminista y sindicalista que abogó siempre por la educación igualitaria, los derechos de la mujer y la creación de ciudadanos críticos. Les presentamos a nuestra vecina Carmen Valero Gimeno (Silla 23 de marzo de 1893- 9 de septiembre de 1962).

Valero se encuadra en el marco de las maestras republicanas que defendían una sociedad más justa, libre, equitativa y solidaria. Desgraciadamente, también por ello, por defender una educación igualitaria y laica sufrió la purga que ejerció el bando nacional ya durante la guerra civil y, una vez  instaurada la dictadura del general Francisco Franco Bahamonde.

 

República y purgas

 

La lucha por el monopolio de la educación no es una batalla de estos tiempos, a lo largo de la historia, el control de la educación por los grupos de poder ha sido una máxima como fórmula para ejercer el control y la manipulación sobre los ciudadanos. Durante la guerra civil y el franquismo, los profesores fueron víctimas de la brutal represión del bando sublevado, pues, eran considerados los propagadores de la doctrina republicana, y especialmente, en 1936 cuando la República promulgó un decreto de libertad de conciencia. Dicho decreto liberaba a alumnos y profesores de enseñar y aprender la religión. Las consecuencias fueron drásticas, más de 60.000 docentes fueron represaliados o vivieron en la clandestinidad. Ya con el inicio de la guerra las purgas contra los profesores fueron un objetivo a cumplir, como el asesinato del profesor Dióscoro Galindo González el 18 de agosto de 1936. Tan solo hay que atender a la circular de José María Pemán, presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza, escrita el 7 de diciembre de 1936, y enviada a los vocales de las Comisiones Depuradoras de Instrucción Pública:

“El carácter de la depuración que hoy se persigue no es sólo punitivo, sino también preventivo. Es preciso garantizar a los españoles, que con las armas en la mano y sin regateo de sacrificio y sangre salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar a los envenenadores del alma popular. Los individuos que integran esas hordas revolucionarias cuyos desmanes tanto espanto causan, son sencillamente los hijos espirituales de catedráticos y profesores que, a través de instituciones como la llamada Libre de Enseñanza, forjaron generaciones incrédulas y anárquicas (…). Si todos cuantos forman parte de la Comisiones depuradoras se compenetran de esta manera de pensar y la transmiten en patriótico contagio a aquellos que han de coadyuvar a su labor en sus informes, es cosa segurísima que antes de mucho, en esta España que hoy contemplamos destruida, empobrecida y enlutada, una vez restaurado su genio y tradición nacional, veremos amanecer en alborada jubilosa, un nuevo siglo de oro para la gloria de la Cristiandad, de la civilización y de España” (Marquès, 2004: 39).

En plena guerra civil y creadas las Comisiones Provinciales la persecución a los docentes fue una auténtica caza de brujas, ya que se exigía la depuración de los profesores a través de la deslealtad entre ellos, delatándose y describiendo cómo habían vivido el “Alzamiento”, el golpe de Estado el 18 de julio de 1936, y cuál era su afiliación política y sindical. Y es que durante la Segunda República su política de reformas y progreso chocaba directamente con la derecha más reaccionaria y rancia y, la Iglesia.

Dentro del programa de reformas los puntos en agricultura y educación fueron los que más ampollas levantaron. En lo referente a a la educación, la llegada de la Segunda República el 14 de abril de 1931 supuso una cruzada contra el analfabetismo y las carencias del país. La República promovió la escuela laica, para todos, respetando las lenguas maternas de los alumnos, basándose en los idearios de la Institución Libre de Enseñanza. A través de una educación más participativa y pedagógica, donde el reciclaje de los maestros era esencial, se educó a niños y niñas en las mismas aulas, atendiendo a todos por igual sin importar su situación económica. Sin duda, y como habrán deducido por ustedes mismos, mucho le debemos a la Segunda República en su ideario educativo.

Muchos de los profesores con la llegada de la Segunda República apostaron por ese nuevo ideario en pro de una sociedad más justa y democrática. Entre estos docentes, encontramos la figura de la profesora valenciana, Carmen Valero Gimeno.

 

La maestra republicana de Silla (VALENCIA)

 

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Recordamos la figura de Carmen Valero Gimeno  por ser una maestra, intelectual, feminista y sindicalista comprometida que mucho podría servir de modelo para los futuros y actuales docentes, e incluso, para nuestro actual ministro de educación. Valero fue una mujer adelantada a su época, una mujer con ideas progresistas, aunque no la única, evidentemente, que mucho distaba del ideario común de las mujeres de Silla de principios de siglo XX. Recuerden que fue la llegada de la Segunda República la que abrió una brecha en el sistema patriarcal vigente hasta el momento y, que relegaba con fuerza y vehemencia la figura de la mujer al ámbito doméstico.

Carmen Valero Gimeno  nació el 23 de marzo de 1893, en Silla, en la calle Pi i Margall la actual calle Hornos, y era la hija mayor de José Valero Simeón y Balbina Gimeno Bernat, descendientes de dos familias muy arraigadas en el pueblo. Valero fue una excelente alumna tanto en la escuela primaria en Silla como en el colegio de la Compañía de Santa Teresa de Jesús de Valencia, donde estudió la carrera de Maestra Nacional. Con veinte años obtendría el título de la Escuela Normal de Magisterio.

 Aprobó una oposición y fue destinada como maestra a Novelda en Alicante, con un sueldo de 1.000 pesetas anuales. Durante este período, Valero además de ejercer como docente fue ampliando sus estudios, así, en una sociedad estrictamente patriarcal,  Valero reunió cinco titulaciones, aunque, en una sociedad como aquella el hecho de ser mujer le cerraba muchas puertas.

Una vez instalada en Novelda  se matriculó en la Escuela de Comercio de Valencia y en 1918, obtuvo dos títulos: el de Bachiller con sobresaliente y el de Perito Mercantil, con tan solo 25 años. También en esta época publicó un libro de cálculo titulado: Problemas de Aritmética Mercantil, que posteriormente sirvió de texto en la Escuela de Comercio. Tras solicitar la excedencia del Magisterio en 1920 obtiene el título de “Profesor Mercantil” siendo la primera mujer en conseguirlo. A continuación se trasladó sola a Madrid para cursar durante tres años la Licenciatura en Ciencias Químicas, licenciándose en 1923.

Luego, Valero optó por la rama pedagógica desde donde reivindicaría una educación integradora de la mujer. En 1923, solicitó el reingreso en el Magisterio siendo destinada a Oliva, donde se casó con un industrial del jabón y tuvo a su hijo. He aquí, recordar que hasta la llegada de la Segunda República la vida de los maestros era precaria, las escuelas apenas tenían recursos o medios para una enseñanza decente. De ahí, el famoso dicho “pasa más hambre que un maestro de escuela”. Sin embargo, con la llegada de la Segunda República se enalteció la profesión de maestro, ascendiendo el sueldo de los maestros y organizando para ellos cursos de reciclaje didáctico. La Educación, muy lejos de nuestra situación actual, se había convertido con la llegada de la Segunda República en una cuestión de Estado.

En un contexto de nuevas corrientes pedagógicas, Carmen optó por aplicar las técnicas de Freinet, basadas en los postulados laicos del pedagogo francés Celestine Freinet (“La escuela no debe desinteresarse de la formación moral y cívica de los niños y niñas, pues esta formación no es sólo necesaria, sino imprescindible, ya que sin ella no puede haber una formación auténticamente humana”. Freinet),  en su escuela y, pronto se significó por eliminar la discriminación de sexos que imponía el sistema educativo, que no incluía en los temarios oficiales de enseñanza femenina, más enfocada al hogar y la esfera privada, las asignaturas de ciencias y cálculo, que ella consideraba fundamentales. Su lucha se centrará en la reivindicación de una escuela igualitaria y en la defensa de los derechos de la mujer, empezando ya desde la infancia. En relación a los alumnos intentó potenciar su personalidad y su espíritu crítico, a diferencia del adoctrinamiento que se vivió tanto antes, pero, especialmente después de la Segunda República.

Con la llegada de la República Carmen se identifica pronto con las reformas emprendidas por el Ministerio de Instrucción Pública e, intensifica su compromiso educativo al colaborar con la FUE (Fundación Universitaria Española) para  mejorar las colonias escolares de verano junto a Rodolfo Llopis, Teodor LLorente, Pesset Aleixandre, Sigfrido Blasco y Aparicio Albiñana. En 1933, fue nombrada Miembro de Honor de la FUE en reconocimiento a su labor.  Al mismo tiempo, funda, junto a Francisca Sanchís, Guillermina Medrano y Enriqueta Agur,  la FETE – UGT Valenciana, Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza, a la que dedicó gran parte de su tiempo libre viajando a Valencia, Villena y Alicante.

En la escuela de Oliva, donde trabajaba,  fundó la revista Caperucita Roja, “Periódico infantil, redactado e ilustrado por las niñas de la Escuela n. 1 “con el objetivo de fomentar el espíritu crítico y participativo de las alumnas.

Llegó el estallido de la guerra y la vida de Carmen al igual que la de otros maestros se trucó. Su marido estaba de viaje en el norte de África, donde quedó incomunicado, y su hijo que estaba en las colonias de Buñol fue  a vivir junto a su hermana Carmen.

 Al terminar la guerra se le formó Consejo de Guerra sumarísimo con graves acusaciones, como en la mayoría de los casos tergiversadas, aumentadas y más producto de una imaginación encendida que de la misma realidad. Durante los primeros años del Franquismo, los años del terror, las denunciaas fueron el pan de cada día en una sociedad donde el miedo había calado en lo más profundo de cada individuo. Sin embargo, gracias a su buena reputación y la movilización ciudadana  fue absuelta del delito de Exaltación a la rebelión, pero,  el Tribunal de Responsabilidades Políticas le abrió expediente, y fue inhabilitada con prohibición expresa de impartir cualquier tipo de docencia. Para sobrevivir y sacar adelante a su hijo impartirá a escondidas clases particulares de contabilidad y de refuerzo a los alumnos de bachillerato de Silla.  En 1951 el Juzgado Superior de Revisiones le permite el reingreso al Magisterio en la población de Bétera. Con 57 años, Carmen volvió a impartir clases y a vincularse con el mundo de la cultura.  Murió a los 69 años, el 19 de septiembre de 1962, en la misma casa donde había nacido.

Para más información:

  • La FETE en la Guerra Civil Española (1936-1939). Francisco de Luis Martin , ARIEL, 2001.
  • La depuración del magisterio nacional (1936-1943): la escuela y e l estado nuevo. Francisco Morente Valero , Ámbito, 1997.
  • Maestros de la República, los otros santos, los otros mártires. María Antonia Iglesias , La esfera de los libros, 2006.
  • «La criba de los maestros. Depuración», La Aventura de la Historia, 68 (2004) 38-43.
  • La información referente a la propia Carmen Valero ha sido obtenida a través del magnífico estudio de Josep Antich, Cronista de Silla. http://www.carmenvalerogimeno.es/carmen-valero-gimeno-1.html

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 FUENTE Y AGRADECIMIENTO 

 

 

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