JULIO, AQUEL DÍA SOLEADO, TODOS MIS PASOS ME LLEVARON A TU RAYUELA, POR MARTINE CROUSTE-BARRELLETI

Sep 28th, 2013 | By | Category: Ensayo / Articulos, Reportajes

 

 

Un silencio amigo reina en el cementerio del Montparnasse ; un silencio tan azul como el cielo del final de verano ; un silencio pintado de paz, de armonía, sin tristeza ninguna, con apenas un toque de melancolía ; un silencio sólo turbado por el canto de un pájaro, dulce melodía que nos dice a media voz que los recuerdos no son más que la expresión de los sentimientos màs profundos, lindos gritos del alma.

Serena y feliz me dejo llevar al azar de los senderos bien cuidados del lugar ; senderos que bifurcan, se cruzan, se entremezclan, se funden en un largo abrazo de luz. Guiada por mis pasos vacilantes, por un instinto extraño, voy caminando. Maga tímida e incierta, corazón a flor de piel, voy al encuentro de una cita esperada. 
Los árboles centenarios se inclinan, roce de seda arrugada, uniéndose en un arco protector de verdes hojas que iluminan la bóveda celeste con su magia vegetal. Sigo avanzando. Una anciana limpia una tumba, arregla unas flores rojas en una maceta lastimada por el paso de los años. En un rincón soleado, dos jóvenes sentados en un banco de madera leen en voz alta unos versos a la gloria de César Vallejo que los escucha, emocionado, desde su lecho de cemento gris, arropado en la manta color de luna de la poesía. César, hace unos meses quise beber una copa a tu salud en el “Café de la Regence” a donde fuiste tantas veces pero no existe más. Será que sus puertas lloraron tanto, « nevaron »(1) tanto después de tu partida que, cansadas, decidieron quedarse cerradas, presas del embrujo de tu encanto . Sólo puedo saludar en tu nombre los Jardines del “Palais Royal” o recitar unas palabras tuyas apoyada en una columna de la “Comédie Française”. Sigo caminando. A mi derecha suspira una tumba abandonada en la que baila la mala hierba, se eleva un monumento extravagante del que se escapa la risa burlona de un arquitecta cansado de descansar. A mi izquierda, un perro de màrmol negro proteje el sueño de su amo. Hay tristeza y amor, un amor infinito en sus hojos de piedra tibia. Hace tantos años que, fiel y paciente, espera ver la luz del milagro, sentir en su cabeza la dulce caricia de la mano amiga y amada. Cerca duermen Charles Baudelaire, Carlos Fuentes, Guy de Maupassant, Samuel Beckett, Eugéne Ionesco, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir….crema y nata de la literatura francesa y mundial. 
Las notas ahogadas de una canción famosa llaman mi atención, despiertan el silencio vuelto ruidoso. Se entera el lugar de las andanzas de « Melody Nelson », andanzas canturreadas por un corro de turistas rindiendo un homenaje sentido a Serge Gainsbourg, su idolo desaparecido quien, tierno y provocador, derramará lágrimas púdicas e irónicas al oírlos. Cigarrillos encendidos y frascos de su whisky preferido dan vida a la lápida ya cubierta con retratos en blanco y negro. 
Topo con un vagabundo filósofo quien me dirige unas palabras, me dice que enfrentarse con la muerte en los cementerios es una manera de cantar la vida, con un pintor en busca de inspiración, con una mujer de luto…
Sin avisar el sendero se hace más estrecho, más pedregoso. Por poco me caigo. Tengo que colarme sin saber a donde voy entre tumbas de otro siglo que casi se tocan, gimen las rejas oxidadas bajo los golpes del viento. Una voz interior me dice que no estoy lejos de ÉL , que dentro de poco podré conversar con Él, con su ausencia tan presente.

Mis pasos se vuelven más torpes, me vuelvo fantasma de mi misma encerrada en mis pensamientos… Sé que ÉL sabrá quien soy, lo que me mueve en esta vida, el por qué de mi existencia, tan fràgil, tan efímera pero tan cargada de sentido… « dime detràs de qué máscara te escondes y te diré qué cara tienes … » (2)…Las palabras giran y giran en mi cabeza, en mi alma, carrusel loco. Un paso más y otro y otro y…de repente…la veo ! Aqui está, delante de mi, a la vez sencilla e imponente, su luz soleada destacándose en el fondo gris del paisaje que la rodea. Dentro de la prolijidad que exhibe el cementerio del Montparnasse, es un pequeño rincón que cambia de colores y se renueva todos los días. Son unos pocos metros de tierra que el escritor se reservó para seguir jugando con sus lectores. Una escultura diseñada por los argentinos Julio Silva y Luis Tomasello representa un cronopio que renace cada mañana cuando siente que algo se mueve, parece guiñar a los que se presentan. El “bicho raro” ríe en la extremidad superior de la tumba de mármol blanco en forma de libro abierto con dos partes simétricas. En la piedra que corta la monotonía y la frialdad del lugar, dos nombres : Carol Dunlop, Julio Cortázar…cogidos de la mano hasta en la muerte. De qué le hablás a tu mujer adorada Julio ? Tú, “El Fuego, todos los Fuegos”… Le inventas una historia nueva ? La de los cronopios de tu nuevo territorio o la de esos bichos tan raros a quienes sólo tú podías infundir el soplo de la vida ¿? Juegas con ella lo mismo que tanto te gustó jugar con nosotros todos, tus lectores, trazando por ella rayuelas inéditas ? La matas de risa con ese humor tan tuyo o, tirado a su lado, pensaràs de modo gramatical, lo mismo que Oliveira, tu creación…. “después del verbo, siempre viene la cópula”, no era asi por los que pueblan las páginas de tu mundo literario ? 
La última casa de Julio Cortázar tiene una pequeña hendidura donde van a parar las rayuelas dibujadas en papel, las frases de sus libros escritas detrás de tickets de supermercado o en trocitos de hojas sueltas, piedras, pero sobre todo cartas. Hechas un ovillo o sostenidas por algún objeto de peso descansan misteriosas en ese buzón espontáneo. Son miles y miles de almas las que le vienen a visitar, como para convencerse de que está aquí, de que realmente se fue a otros cielos. 
“Gracias Julio por el capítulo 93 que cambió mi vida”, “Siempre te encontraré”, “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca… gracias”, “Gracias por mostrarme el camino al cielo”, “A la Maga que con su hermosura dio a mis ojos la dicha de conocer la genia más preciosa del edén”, “te amo”, “siempre vivirás en mi”…. 
Todos estos seres anónimos que van con su cámara de foto, un lápiz y una hojita de papel quieren hacerle sentir que están con él, que lo leyeron, que lo disfrutaron, que lo quisieron. Todos se acercan y le dejan algún recuerdo : flores, una copa de vino, un cigarrillo, un boleto de metro ilustrado, un ejemplar de rayuela editado en francés envuelto en una bolsa de nylon, un paquete de yerba, cartas y tanto más.Después se marchan en calma y con el pecho inflado desafiando el viento frío del mes de febrero, el sol hirviente del mes de agosto o la lluvia que corre incesante en el mes de octubre, mojando sus mejillas de lágrimas de plata. Saben que descansa en paz, que está bien cuidado. 
Fascinada y embrujada por algo indefinible que flota por el aire, me acerco lentamente hacia la tumba hasta tocarla. Me arrodillo y sin casi pensarlo arreglo un libro de poema escrito en homenaje al gran hombre, la rosa roja dejada por un admirador, una hermosa rosa que me recuerda al Principito de Saint Exupéry, unos papeles cubiertos con palabras cariñosas y unos objetos maltratados por la brisa celosa. En la piedra blanca revolotea una mariposa de alas tan transparentes como las aguas claras de la fuente. La miro…sigo mirándola, concentrándome en su belleza, me olvido del mundo que me rodea, como si ya me encontrara en otra dimensión, una dimensión en la que sólo se comunica con el alma, con los sentimientos…Me invade una sensasión rara. Tengo la impresión de desconectarme de la tierra para conectarme con lo desconocido. Espejismo de sentidos a flor de piel, especie de telepatía ?…No lo sé y nunca lo sabré. Escucho el silencio. Me parece cambiado, pintado con colores nuevos. El silencio se volvió poema, el poema silencio…Probablemente el más bello de los poemas. Siento SU presencia etérea por todos lados…Está en la música del viento, en el perfume de la flor, en el aire que respiro…tranquilo, mudo. Su risa de niño crecido sube hacia el cielo, el eco de sus palabras mil veces escuchadas resuena por los senderos sinuosos, su dulce ironía saluda a sus compañeros de viaje… « Fuego …todos los fuegos » …Aquí está su inmortal esencia, sublime e invisible vida…fragancia que no conoce las fronteras del más allá. Un vértigo se apodera de mí, lágrimas corren por mis mejillas encendidas…imagino al gigante sentado a mi lado, entrañable, escuchándome, escuchando las voces de los que cruzan el océano por él, humildes, emocionados, felices de saberlo cerca. Un día le pregunté a alguien que lo conoció : « háblame de Julio Cortázar » …Y me contestó : « intimidante, impresionante y hermoso…No se podía no querer a Julio Cortázar ».
Dime Julio, por qué te fuiste así, casi a escondidas, cuando tanto te quedaba por vivir, por ver, por escribir ? Por qué nos abandonaste así sin siquiera decirnos adiós ? Sabes,?cruzo a diario el « Pont des Arts » y a veces me parece intuir los ojos de una mujer la tristeza de la Maga…Desesperada y huérfana de su padre amado vagabundea por los secretos del Barrio Latino, un gato negro deslizándose detrás de ella. Muchos son los que siguen buscándote por la calle Mardel esperando ver tu silueta detràs de las cortinas de las ventanas grises de tu piso después de haber bebido una copa de Malbec a tu salud en el bar “Old Navy” de Saint Germain des Prés, sentados en TU silla, mientras miles de estudiantes intentan descifrar los enigmas de tu « Rayuela » cada vez más  leída y… el farol del “Pont Neuf” que tanto te gustaba admirar por las noches lluviosas siempre ilumina el paisaje de su niebla misteriosa, color de naranja nostálgica. Mañana, te prometo que seguiré tus pasos e iré a leer un cuento tuyo a la sombra de su luz tenue. Tanta razón tenías cuando decías que las cosas se vuelven diferentes bajo la sonrisa blanca de la luna….

TE QUIERO JULIO !

 

 

 

 

 

 

                                                                                             Autora : Martine Crouste-Barrelleti


 

 

 

 

 

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