LEONOR DE AQUITANIA, UNA MUJER INIGUALABLE

Mar 9th, 2015 | By | Category: HISTORIA, Reseñas
leonor de aquitania
LEONOR
Régine Pernoud. Traducción de Isabel de Riquer. Acantilado (Madrid, 2009). 336 páginas.
Imaginen una mujer poderosa, inteligente y libre; Reina de Francia, luego Reina de Inglaterra, Reina del Amor Cortés, Reina de los Trovadores cuando la poesía de amor nacía en Occidente… Leonor de Aquitania está en el centro de todos los caminos del medievo. Su peripecia vital fue tan increíble y brillante que, hasta en un burdo resumen, desborda la capacidad de las solapas de los libros para contener la que tal vez es la personalidad más fascinante de la historia.
No basta con añadir a lo dicho: Leonor, nieta del gran trovador Guillermo de Aquitania, madre y abuela de reyes, casada con el meditabundo Rey de Francia, Luis VII, al que aporta casi tanto territorio como el que el Capeto poseía. Después de un tiempo en el que su influencia era ley en la corte de París, se sintió anulada por consejeros y clérigos (“estoy casada con un monje”). Entonces fue capaz de urdir la anulación de su matrimonio con Luis VII, para casarse sólo un par de meses después con su adversario, y vasallo, duque de Normandía y Rey de Inglaterra, Enrique II Plantagenet… llevándose consigo medio reino a la corona contraria, desde Aquitania y el Poitou. Entre ambos soberanos, Enrique y Leonor, levantaron un reino poderoso, temido y envidiado, con el Canal de la Mancha en medio. Navegaron entre tempestades, en un mundo en el que ser rey (y reina) suponía estar siempre en camino, administrando justicia o planeando alianzas, imponiendo vasallajes y plantando sitios. Formaban un gran equipo.

 

Una vida que no es pura novelaEnrique la traicionó, con Rosamunda, por tanto aquel pacto regio acabó. Y desde entonces, Leonor puso su temible talento al servicio de una intriga de los hijos contra el padre para heredar el reino (para lo cual les inspiró alianzas de vuelta una y otra vez con el rey Capeto). ¡Y qué hijos! Enrique el Joven, Ricardo Corazón de León, Juan Sin Tierra… a todos sobrevivió, a todos impulsó, los vio ascender, alguno componer poemas, como Ricardo, ir a las Cruzadas (había ido ella misma, en vísperas de su divorcio) y ser raptado; y luego caer, en unos tiempos peligrosos como pocos, a la vuelta de una intriga, un accidente o una herida. Hasta Enrique, puede decirse, murió del disgusto de ver a su favorito, Juan Sin Tierra, pasarse a las filas de su madre, en el momento que él lo iba a coronar.

Sobre este material, Acantilado acaba de recuperar la biografía de «Leonor de Aquitania» que escribiera Régine Pernoud en los años sesenta, con gran pulso narrativo, toda una maravilla para leer este verano, gracias a la preciosa tradución de Isabel de Riquer. Con ella viajamos al siglo XII y descubrimos un perfume evocador casi desconocido. Por primera vez consultaba la autora los documentos originales que impiden que creamos que aquella vida no es pura novela. Vida fue, y en sus cartas deslumbra Leonor a sus contemporáneos y a los nuestros. En sus hechos está la pulsión que atraviesa el medievo, la luz de la voluntad para ejercer el poder y la piedad, para crear una corte delicada y culta y al mismo tiempo, arriesgada, caballeresca. Desborda las sombrías iglesias románicas ese impulso que emerge en las primeras construcciones góticas y el sol estallando en vidrieras. Política (feudal), amores (a veces no tan corteses) y engaños y martirios (Tomás Becket) hacen la trama trepidante.
Incluso leemos con fruición la lista de la compra de la Reina. Cuando Leonor atravesó el Canal de la Mancha con Enrique en medio de la tempestad, arriesgó su vida para encontrar un reino húmedo y frío. Y encargó aceite para desterrar el sebo de las lámparas, y perfumes y lienzos para cubrir humedades, y vino y frutas del mediodía. Allí llevó a los poetas de una corte que quedó asombrada ante la fuerza de las leyendas celtas -aún fresca la tinta de la Historia regum britanniae y el Merlín de Geoffrey de Monmouth-, por lo que también es la impulsora de la novela de caballerías, al juntar la chispa de los trovadores con el fulgor de Camelot, su modelo durante los buenos tiempos con Enrique II. De hecho, entre sus hijas está la María de Champaña, protectora de Chretien de Troyes, el inventor del roman y la novela artúrica.
Tal vez, como afirman los expertos, algunas de las aseveraciones de Pernoud han sido matizadas por los estudios medievalistas de los últimos cuarenta años. Pero el retrato de la reina de hace mil años parece pintado ayer. Una mujer inigualable, libre de un modo que parece imposible -hoy como en el siglo XII-, una Reina de dos mundos, cuyo mayor don fue sin duda el de inspirar a los demás, fueran reyes o poetas. Por eso aún da mucho que hablar. Por otro lado, dicen que fue tan bella…
 

 

Tumba de Leonor de Aquitania y Enrique II

Tumba de Leonor de Aquitania y Enrique II

 

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