LOS TIPOS MÁS DUROS DEL DELTA DEL MISSISSIPI, POR DIEGO MANRIQUE

Abr 6th, 2013 | By | Category: Música, Sin categoría

 

 

El legendario Delta del Mississippi no es realmente un delta. Se trata de un alargado terreno aluvial, al que las crecidas del río proporcionan -aparte de catástrofes ocasionales- una extraordinaria fertilidad agrícola. Y musical. Allí, entre 1910 y 1925, nacieron diez cantantes e instrumentistas que cambiaron las formas expresivas del blues y, de rebote, incluso del rock tal como ahora lo conocemos. Ningún paraíso, por cierto: los que pudieron, emigraron al Norte y se electrificaron. Hablo, por orden de aparición, de Howlin’ Wolf, Sonny Boy Williamson, Robert Johnson, Muddy Waters, Willie Dixon, Big Walter Horton, Elmore James, John Lee Hooker, Albert King y B. B. King. Irrepetible generación.

De verdadero nombre Chester Arthur Burnett, el Lobo Aullador vino al mundo en 1910 en West Point. Trabajó en el campo mientras iba asimilando las lecciones musicales de sus mayores. Ya tenía más de 40 años cuando grabó y se profesionalizó. Imponente de presencia física, sabía dar show y engatusar a blancos o negros, fuera con humor o dando miedo. Desde 1953, se instaló en Chicago, donde compitió sin piedad con Muddy Waters. Sabía tener a raya a músicos y espectadores: no salía de casa sin su pistola.

 

 

http://youtu.be/4Ou-6A3MKow

 

Aleck Miller, también llamado Rice Miller, por proceder de Glendora, tierra arrocera (“rice”), quedó inmortalizado como Sonny Boy Williamson, a pesar de que le precedió otro Sonny Boy Williamson que también tocaba armónica y cantaba. Respecto a la fecha de nacimiento, hay varias para elegir; nos quedamos con 1910. Sus padres podían ser aparceros pero él se convirtió en estrella de la radio, gracias a un programa patrocinado, el King Biscuit Show. Un liante, un vividor, un gran compositor. Cuando los europeos descubrieron el blues, supo moverse por el Viejo Continente como pez en el agua. Aunque hizo sudar a los grupos -The Animals, los Yardbirds de Clapton- encargados de acompañarle.

 

 

 

 

 

http://youtu.be/aogMZDbBqyA

 

 

Nacido en Hazelhurst en 1911, hijo ilegítimo en el seno de una familia extensa y repartida. Robert Johnson no se castigó el espinazo como Howlin’ Wolf: prefirió la vida del músico vagabundo. Lo del pacto con el diablo es una chorrada: escuchando sus grabaciones, se aprecia el talento para refundir canciones ajenas y las muchas horas ejercitando sus dedos extraordinariamente largos. Era omnivoro en su dieta musical: se sabía los discos de Peetie Wheatstraw y otros sofisticados.  No tuvo nada parecido a un éxito y, cuando le envenenaron en 1938, estaba predestinado a electrificarse o quizás a formar un grupo jive en la línea de “They’re red hot”.  

 

 

 

 

 

McKinley Morganfield, alias Muddy Waters, procedía de Rolling Fork (1915). Menos primitivo de lo que hacía suponer su apodo (“Aguas Cenagosas”), conducía un tractor y apreciaba la música pop del momento. Pero los encuentros con el folklorista Alan Lomax le encaminaron hacia el blues. Viajó hacia Chicago en 1943 y al año siguiente ya dominaba la guitarra eléctrica. Tenía olfato para los éxitos potenciales y también para los instrumentistas: Little Walter, Otis Spann, Jimmy Rodgers. Se descojonaba cuando los “folkies” querían escucharle en acústico pero aceptaba; a la primera oportunidad, recuperaba la banda y armaba el alboroto. Cuando llegaron los Rolling Stones y demás imitadores británicos, no se sintió desplazado: aquellos melenudos le legitimaban. 

 

 

 

 

 

Un estudio de TV no era el mejor ámbito para Muddy Waters pero este “Got my mojo workin'” de 1966 echa chispas.


No todos estos hijos del Delta buscaban fama y fortuna. Big Walter Horton, natural de Horn Lake (1917), era admirado en Chicago como armonicista pero detestado por su falta de profesionalidad. Hasta Muddy Waters, un jefe tolerante, tuvo que despedirle. Para unos, su problema era el alcohol; otros aseguraban que todo radicaba en una timidez patológica, que le hacía preferir recoger naranjas en Florida en vez de irse de gira.  

 

 

http://youtu.be/H_PBVcCD9fM

 

 Shakey (“Tembloroso”) era otro apodo de Big Walter Horton

Hemos anunciado que los diez eran gigantes musicales pero no que sus historias tuvieran necesariamente happy end. Elmore James llegó al mundo en Richland, en 1918. Su camino se cruzó con el de Robert Johnson y, de hecho, su mayor éxito fue transformar “I believe I’ll dust my broom” en una electrizante pieza de estudio obligado, incluso hoy, para todo tocador de guitarra con slide. Aunque se instaló en Chicago, volvía con frecuencia al Delta, como si allí le esperaran los nutrientes para su arte, aunque también estudiaba a virtuosos como Tampa Red. Grabó regularmente pero siempre para compañías pequeñas, sin el beneficio de un productor astuto que compensara su tendencia a repetir las fórmulas que tan buen resultado le daban. El corazón le falló en 1963, justo cuando estaba a punto de girar por Europa e, inevitablemente, encontrarse con Brian Jones y demás estudiantes de su estilo incandescente.

 

 

 

 El público del rock, con sus vicios y su generosidad, resultaría esencial para los tres siguientes maestros. John Lee Hooker nació en Clarksdale en 1920 (aunque no faltan fechas alternativas), en una familia religiosa. Pronto entendió que la música profana daba más dinero que la de iglesia. Tras temporadas en Memphis y Cincinnati, terminó en Detroit a tiempo de beneficiarse del boom bélico. En cualquier latitud, John Lee resultaba atípico: su voluntad narrativa dinamitaba las estructuras convencionales del blues. Aún con guitarra eléctrica, podía sonar más Sur Profundo que cualquiera de sus contemporáneos, especialmente si marcaba el ritmo con los pies. Descubrió el magnetismo del boogie como música para bailar y sacralizó el impulso sexual con sus metáforas de reptiles. Un tipo muy apañado: se le ocurrían tantos temas que grababa para todo tipo de compañías, recurriendo a seudónimos. ¿Hay que mencionar que, para su deleite, las jovencitas blancas le encontraban irresistible?

 

http://youtu.be/77pmWCpMNkI

 

Albert King nació en Indianola, en 1923. En realidad, se llamaba Albert Nelson pero intentó venderse como hermanastro de B. B. King, natural de la misma localidad. Zurdo, tuvo empleos industriales en Gary (Indiana) y se integró en el ambiente musiquero de St. Louis antes de encontrar su hogar en Stax Records, la principal disquera de Memphis. Un sonido apretado, del que escapaban punzantes gemidos de guitarra. La debacle de Stax le hizo naufrago y se le fue escapando la motivación, dejando la cáscara (una orquesta engrasada, un segundo guitarrista para taparle). Murió en 1992, dejando a B. B. como único superviviente del gran triunvirato de los King.  

 

 

 

 

 

Riley Ben King (1925) es el último eslabón vivo con aquella pasmosa oleada de talento que iluminó el Delta desde 1910. B.B. todavía recuerda la pesadilla de trabajar el algodón pero se niega a encajar en el estereotipo del bluesman primitivo de horizontes regionales. Se formó con discos, sabía quién era Django Reinhardt, potenció sus metales. Y no se sentía intimidado si -en Barcelona, en 1973- un macarra llamado Miles Davis entraba en su escenario.    

 

 

 

http://youtu.be/mterOLB3VtM

 

La familiaridad con B. B. King, sus visitas como abuelo bonachón, sus giras de despedida que se repiten….todo puede conspirar para hacernos olvidar su inmensidad creativa. Así que vamos a despedir al Blues Boy lejos del Delta, tocando en África, perdido en la música, arrebatado por la comunicación de lo inefable.   

 

 

 

 

Lejos del mito del blues como “música del pueblo, camarada”, en realidad formaba parte de la industria discográfica. El proceso fue facilitado por personajes como Willie Dixon, natural de Vicksburg (1915). Hombre orgulloso, no toleraba los abusos: iba para boxeador cuando se peleó con su manager; se declaró objetor de conciencia durante la Segunda Guerra Mundial. Imponía por su tamaño y por su seguridad en si mismo: en Chicago, se convirtió en el resolvedor de problemas en Chess y, durante un par de años, en Cobra Records. Producía, tocaba como músico de estudio y, sobre todo, componía las canciones esenciales del blues de Chicago. Sin dejar de actuar y grabar bajo su nombre. Aún hoy, sus herederos reivindican su inmenso legado autoral. 

 

 

Por: Diego A. Manrique

 

SOBRE EL AUTOR

Diego A. Manrique, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

http://blogs.elpais.com/planeta-manrique/2013/04/los-tipos-mas-duros-del-delta.html

2 Comments to “LOS TIPOS MÁS DUROS DEL DELTA DEL MISSISSIPI, POR DIEGO MANRIQUE”

  1. Edgar Ramírez dice:

    Formidable, sucinto y al mismo tiempo enjundioso este paseo musicado con los viejos marchosos del delta del Mississipi, los maestros de la música blues, y rock and roll de rebote como bién dice el artículo, ya que el rock se nutre grademente del blues. Una Delicia!!!

  2. Martine Crouste Barrelleti dice:

    Qué hermoso !! Tanto quisiera pasear por aquellas ciudades y escuchar el jazz o el blues de sus noches, embrujadas con la mùsica de los grandes ! Gracias por tan lindo regalo.

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