RESEÑAS DE LA NOVELA DE VICENTE ADELANTADO SORIANO : LOS AMORES IMPOSIBLES DE AGUSTÍN MARTÍNEZ,POR LUÍS DASI Y RAFAEL BALLESTER AÑÓN

Mar 11th, 2016 | By | Category: Reseñas, V Adelantado Soriano

 

Portada Los amores imposibles de Agustín Martínez 1

Durante una tarde del mes de diciembre del año pasado tuvo lugar, en Madrid, la presentación de la novela de Vicente Adelantado Soriano, Los amores imposibles de Agustín Martínez. La novela ha sido editada por la editoral Niram Art. Es una edición muy cuidada, de letra clara y limpia, y que se lee con agrado y fácilmente. Consta de 203 páginas.

Los amores… cuenta la historia de un niño, Agustín Martínez, que se enamora de una mano blanca, entrevista en el coro, desde el altar donde ayuda a misa al párroco, y su posterior pasión por los libros: gracias a ese párroco al que ayuda todo los días, Agustín consigue entrar en un seminario, única posibilidad que tiene, en aquellos años, de poder estudiar. Allí comienzan sus lecturas y sus apasionamientos intelectuales.

Su enamoramiento de aquella mano lo llevará a intentar descubrir quién es su dueña, monja de clausura; y su amor por los libros a leer sin tregua ni descanso. Pero todo se interrumpe con el estallido de la Guerra civil de 1936. Tendrá que salir del seminario, abandonar sus estudios. Y, de regreso al pueblo, será él quien acompañe a las monjas a la estación del tren, de una en una para no levantar sospechas, a fin de ponerlas a salvo del inminente peligro que se cierne sobre ellas. Es entonces cuando verá a la monja vestida de seglar, y cuando se prometerá buscarla en cuanto termine el conflicto. También se promete continuar sus estudios o, al menos, sus lecturas.

El autor, Vicente Adelantado Soriano, es un admirador confeso de don Benito Pérez Galdós. En una entrevista concedida poco después de la publicación de la novela, afirma que su obra es el resultado de la lectura de los Episodios Nacionales, de Galdós. Y evidentemente, la fuente o inspiración de esta novela la encontramos en el episodio Un voluntario realista. En este episodio se cuenta la vida de sor Teodora de Aransis, monja realista que se enamora del protagonista, Salvador Monsalud. Este, huyendo de su hermanastro, furibundo realista también, se refugia en un convento, en la celda de sor Teodora. Sor Teodora no lo denuncia: queda prendada de él, y lo hace hasta el punto de que le salvará la vida ofreciendo a cambio la de un pobre sacristán, Tilín, igualmente enamorado de ella.

Será Tilín quien la saque del convento en plena vorágine de la guerra entre absolutistas, partidarios de Carlos, hermano de Fernando VII, y liberales, partidarios de Isabel II, hija de Fernando VII. Pese a todos estos avatares, sor Teodora volverá al convento, se olvidará de Monsalud, y morirá, según se cuenta en otra novela de Galdós, La desheredada, en flor de santidad.

El enamoramiento de Vicente Adelantado, el tercero en discordia, por esta monja, sor Teodora de Aransis, lo llevó a escribir un guión cinematográfico que, lógicamente, se quedó en un cajón de su mesa. No tenía ninguna posibilidad de llevarlo a cabo. Pero sí tuvo la de escribir una novela. Es lo que hizo. Y así surgió Los amores imposibles…

Los amores imposibles de Agustín Martínez no es un plagio, copia o continuación del episodio de don Benito. Son dos historias totalmente distintas, ambientadas en diferentes épocas, y con soluciones diversas. En el caso de Los amores… el final es abierto, de forma y manera que no sabemos cuál es. O mejor dicho, cada lector tiene que imaginar el que más le guste. El autor, terminada la guerra civil, un pretexto para sacarla a sor Teresa del convento, y nada más, se desentiende de los personajes de la forma más cabal que puede hacerse: poniendo fin a la obra.

La novela está escrita con un estilo sencillo, sin rebuscamientos, cosa que facilita, y mucho, su lectura. Es una escritura lineal, la típica de la novela clásica de planteamiento, nudo y desenlace, si bien, como hemos dicho, el desenlace queda a merced del lector salvo que el autor, como también hiciera don Benito, aproveche este personaje para futuras obras, cosa, según dice él, harto improbable.

Es, pues, una novela, que se lee con una gran facilidad y con mucho agrado, cosa que no es poco. Los personajes, por otra parte, aparecen bien retratados con un par de trazos. Quizás peque la obra de excesiva discusión filosófica, por llamarlo de alguna forma, en los capítulos en los que el personaje se halla en el seminario. Pese a ello, los diálogos de estas discusiones están bien resueltos y escritos. A partir de ahí la novela discurre como un río sin tropiezos ni sorpresas. Y al terminarla se queda uno con la sensación de haber pasado unas horas muy agradables. Agustín Martínez, con todos sus amores imposibles, termina por convertirse en un amigo al que dan granas de darle un gran abrazo. Es, indudablemente, una buena novela.

Luis Dasí

 

 

 

EL ARDID DE ADELANTADO

 

A propósito de Los amores imposibles de Agustín Martínez

 

Vicente Adelantado Soriano pertenece a un club  exclusivo -10 miembros todo lo más – de lectores y estudiosos de la literatura española que ha leído de principio a fin, en el orden correcto y más de una vez, todos los Episodios Nacionales de d. Benito Pérez Galdós.

En una de esas lecturas nuestro autor quedó embelesado por sor Teodora de Aransis, el personaje de la monja que aparece en Un voluntario realista, episodio nacional ambientado en Cataluña. De tal fascinación nacerán Los amores imposibles de Agustín Martinez, cuya síntesis argumental la resume cabalmente el solapista de esta edición: “La novela Los amores… cuenta la historia de un niño enamorado, en un principio de una mano blanca, que corresponde a una monja, y, posteriormente, de los libros. Accede a estos gracias a la ayuda de un cura, que le paga los estudios en un seminario. Pero esos estudios se verán interrumpidos por la Guerra Civil”.

Puede resultar desconcertante que un personaje se enamore de una mano blanca. Pero una mano, en literatura, no es propiamente una mano sino una sinécdoque (la parte por el todo); y al cabo y al fin, todo proceso de enamoramiento lo inician siempre sinécdoques: -una nariz, un cogote, una hipnotizante manera de caminar…

El escritor Vicente Adelantado es ante todo un grafómano. Por tanto con pasión nunca saciada por escribir y contar historias, propias o ajenas, fantaseadas o verídicas .Esa perseverancia pasional tiene efectos contagiosos en el lector. Hay en Adelantado una fatalidad, digamos, endocrina por querer contar y comunicarse con narraciones.

Su literatura no pretende romper, ni inventar, ni transgredir. Sus textos son, ante todo, emocionados homenajes a los maestros a las que tanto respeta y por los que siente un hondo afecto: Miguel de Cervantes, Pío Baroja,  los autores clásicos latinos y, por supuesto, Benito Perez Galdós. Si alguna vez advirtiera un elemento experimental o novedoso en sus narraciones,  Vicente Adelantado se mostraría preocupado y, a continuación, furioso consigo mismo.

Lo que resulta atrayente en su obra y concretamente en esta novela es  pues ese amoroso respeto por los maestros que  admira y el deseo de revivirlos y reencarnarlos en versión personal y contemporánea.

Pero hay algo más que recorre esta narración, así como la mayoría de sus novelas  -de las que, quien esto escribe, tiene un conocimiento relativamente amplio-: se trata de una actitud poco usual en los precipitados tiempos presentes. Actitud que no acertábamos a definir y que caracteriza la posición estilistico-moral de Vicente Adelantado. El problema lo hemos resuelto cuando nos ha venido a la memoria un  verso breve de Emily Dickinson (poetisa norteamericana del siglo XIX, que en 55 años de vida apenas salió de  su casa):

                      “El candor -mi Preceptor- es el ardid”.

El candor se asocia habitual y erróneamente a conceptos como torpe tranquilidad,  simpática ignorancia o  irresponsabilidad encantadora. Hay una modalidad de candor más pura y bien distinta.

El peculiar candor del escritor Vicente Adelantado se disfraza a menudo con máscaras contradictorias: humor atrabiliario, irritación impaciente, incluso, a veces ( digamos todo) airosa grosería. Estas modalidades retóricos-morales  no son infrecuentes en la obra de nuestro escritor.

El lector maliciado que busque segundas o cuartas intenciones en la narración de Vicente Adelantado, acabará decepcionado o aturdido. Lo que hay es lo que muestra: relato frontal, transparente, poco dado a apaños y componendas. Y sobre todo, deseos de comunicar con un fervoroso respeto por la tradición.

Mantener el candor moral y literario después de haber consumido cuantiosos contenedores de libros y de vivir a los largo de 64 años una biografia de complicaciones inusuales  (y permítasenos esta  indiscreción necesaria ) resulta una rareza admirable, de la que es buen ejemplo Los amores imposibles de Agustín Martinez.

 

                                                 R.Ballester Añón

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